Gestionar una flota, trabajar como autónomo o depender de un vehículo para el día a día significa una cosa: no se puede perder tiempo por una avería evitable. Por eso, contar con los recambios adecuados y tener previsión marca la diferencia entre seguir trabajando o quedarse parado.
Entre los recambios imprescindibles destacan los filtros (aceite, aire, combustible y habitáculo), ya que su mantenimiento regular evita problemas mayores y mantiene el rendimiento del motor. También son clave las pastillas y discos de freno, especialmente en vehículos que realizan muchos kilómetros o transportan carga.
Otro elemento fundamental son las baterías y sistemas de arranque, sobre todo en invierno o en vehículos que realizan trayectos cortos frecuentes. En flotas, una batería en mal estado puede generar retrasos en cadena. Lo mismo ocurre con correas auxiliares, tensores y componentes de distribución, cuyo fallo puede suponer averías costosas.
No hay que olvidar los consumibles y piezas de desgaste rápido, como escobillas, iluminación, fusibles, lubricantes y líquidos técnicos. Tenerlos controlados reduce paradas imprevistas y mejora la seguridad en carretera o en el trabajo diario.
Para profesionales y empresas, la clave está en el mantenimiento preventivo y la planificación del stock. Trabajar con un almacén de recambios que conozca las necesidades de cada vehículo permite anticiparse a los problemas, optimizar costes y garantizar que la actividad no se detenga. Porque cuando el vehículo es tu herramienta de trabajo, cada minuto cuenta.





