Porque alrededor del coche eléctrico confluyen muchos intereses, y eso hace que el mensaje se presente a menudo como “la única opción correcta”, aunque la realidad es más compleja.
1. Intereses políticos
- Los gobiernos tienen objetivos climáticos (reducción de CO₂) y el coche eléctrico es una forma visible y medible de decir “estamos actuando”.
- Es más fácil regular el tubo de escape que cambiar el modelo de transporte (menos coches, más transporte público, ciudades mejor diseñadas).
- También reduce la dependencia del petróleo extranjero, algo estratégico.
2. Intereses económicos
- La industria del automóvil necesitaba un nuevo ciclo de negocio. El coche eléctrico:
- Justifica subvenciones.
- Obliga a renovar flotas.
- Cambia proveedores (baterías, software).
- Nuevos actores (tecnológicas, fabricantes de baterías) ganan poder frente a los tradicionales.
3. Narrativa ambiental simplificada
- Se vende como “cero emisiones”, cuando en realidad:
- No emite al circular, pero sí al fabricar baterías, extraer litio, cobalto, etc.
- Depende de cómo se produce la electricidad.
- Es un mensaje fácil de entender y vender, aunque incompleto.
4. Control y regulación
- El coche eléctrico:
- Está más ligado a software, actualizaciones y datos.
- Es más fácil de regular, limitar o desactivar (zonas, cargas, normas).
- Para algunos gobiernos y empresas, eso es una ventaja clara.
5. ¿Es realmente “el mejor”?
Depende para quién y para qué:
- Bueno para ciudad, trayectos cortos, si tienes punto de carga.
- Problemático para:
- Viajes largos frecuentes
- Zonas rurales
- Personas sin garaje
- Economías ajustadas (precio real + depreciación)
6. Lo que casi no se dice
- No se habla igual de:
- Híbridos bien usados
- Combustibles sintéticos
- Reducir coches, no solo cambiarlos
- Transporte público eficiente





