Cuando pensamos en incendios, solemos imaginar bosques arrasados o viñedos calcinados. Pero pocas veces pensamos en cómo afectan a algo tan cotidiano como nuestras carreteras. El impacto puede ser más serio de lo que parece:
- Deformación del asfalto: el calor extremo provoca que el betún del pavimento se ablande y se dilate. Esto genera grietas, hundimientos y superficies irregulares que ponen en riesgo a conductores y ciclistas.
- Seguridad vial reducida: el fuego puede dañar señales, barreras de seguridad y balizas reflectantes. Además, el humo espeso disminuye la visibilidad, multiplicando las posibilidades de accidente.
- Deterioro acelerado: aunque a simple vista la carretera parezca intacta, el calor degrada su estructura interna. Esto reduce su vida útil, obliga a reparaciones prematuras y supone altos costes de mantenimiento.
- Dificultades en emergencias: carreteras cortadas o debilitadas dificultan el acceso de bomberos y equipos de rescate, retrasando la lucha contra el incendio y las evacuaciones.
El fuego no solo se lleva paisajes y cultivos, también afecta a nuestras infraestructuras y a la seguridad de quienes las usamos a diario.
Prevenir incendios en los márgenes de carretera es proteger vidas, movilidad y recursos.





