En invierno, los coches eléctricos necesitan algunos cuidados extra para rendir al máximo y alargar su vida útil. Las bajas temperaturas no los dañan, pero sí influyen directamente en su autonomía, en la velocidad de carga y en el confort de uso si no se toman ciertas precauciones.
El frío afecta sobre todo a la batería. Cuando la temperatura baja, la química interna trabaja con menos eficiencia y es normal que la autonomía se reduzca entre un 10 % y un 30 %. Para minimizar este efecto, es recomendable aparcar el coche en garajes cerrados siempre que sea posible y aprovechar los sistemas de preacondicionamiento, que calientan la batería y el habitáculo antes de iniciar la marcha mientras el coche está enchufado.
La carga también puede verse afectada en invierno. Con temperaturas muy bajas, los tiempos de carga pueden alargarse, especialmente en carga rápida. Por eso conviene planificar mejor los trayectos largos, no apurar la batería y, si el vehículo lo permite, programar las cargas en las horas menos frías del día o cuando el coche aún conserva temperatura tras su uso.
Otro punto clave es el uso de la calefacción. A diferencia de los coches de combustión, en los eléctricos la calefacción consume energía de la batería, reduciendo la autonomía. Utilizar asientos y volante calefactables, regular bien la temperatura y evitar cambios bruscos ayuda a mantener el confort sin un gasto excesivo.
Por último, no hay que olvidar los elementos comunes a cualquier coche: revisar la presión de los neumáticos (el frío la reduce), usar líquido limpiaparabrisas anticongelante y mantener el sistema de frenos limpio y en buen estado, ya que en los eléctricos se usan menos por la frenada regenerativa.
Con estos cuidados, el invierno no tiene por qué ser un problema para los coches eléctricos. Al contrario, con un uso inteligente y algo de planificación, siguen siendo una opción eficiente, fiable y cómoda incluso en los meses más fríos.





